|
|
|
Serafín Peralta Martínez El Diario de Chihuahua. 19 septiembre 2007 |
|
|
No puedo calificar de otra manera la Reforma Fiscal que recién aprobó el Senado de la República, si no como una de las reformas más importantes de nuestro país en los últimos 27 años, después de aquel gran cambio que se dio en 1980 al poner en orden la anarquía impositiva y establecer un nuevo Sistema Nacional de Coordinación Fiscal. La aprobación de esta reforma fiscal merece analizarse y ponerse en su justa dimensión, ya que han tenido que pasar varios sexenios, particularmente los últimos dos, en los que tanto Ernesto Zedillo como Vicente Fox, por diferencias de intereses políticos de partido no tuvieron el respaldo de los consensos y debieron posponer un proyecto fiscal que le abriría a México paso a la competencia en la globalización. Ninguno de estos dos expresidentes logró lo que pudo hacer Felipe Calderón, quien ahora sí, ayudado por los legisladores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), por fin un presidente pudo sacar la tan ansiada reforma fiscal que con ello comienza a trazarse el camino para construir la nueva hacienda pública nacional, estatal y municipal. Pero quizá lo que ayudó a aprobar esta iniciativa de reforma fiscal, fueron las reflexiones, el análisis y los consensos logrados para que los 323 acuerdos captados en la pasada Convención Nacional Hacendaria, realizada en la ciudad de Querétaro en febrero-junio de 2004, pasaran a la Cámara de Diputados y, sin duda, parte de ellos han quedado plasmados en la nueva Reforma Fiscal que ahora tenemos. Entonces la Reforma Fiscal que propuso Felipe Calderón, ya había sido analizada en muchas de sus partes, tan es cierto que esta otra extensión de reforma al régimen fiscal que ahora nuevamente se le da a Pemex, no es más que la aprobación dada conscientemente por los legisladores, en el sentido de que a esta empresa de los mexicanos, se le estaba ordeñando fiscalmente con demasía. Es decir cada vez la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, le quitaba más y más de sus ingresos generados. Situación que limitaba la necesidad de destinar recursos a los proyectos de exploración y explotación de petróleo. Como sabemos con el régimen fiscal aprobado en 2005 (entró en vigor en 2006) y esta nueva extensión aprobada, Pemex ya tiene asegurados 130 mil millones de pesos -casi 15 mil millones de dólares- para llevar a cabo proyectos de exploración e inversión que hasta hace dos años no podía realizar por falta de recursos. Hoy Pemex se está capitalizando y con esos ingresos que tendrá a su disposición, seguramente pronto nos dará la noticia de que las reservas probadas en los yacimientos de Cantarell, si bien tienden a disminuir, podrán compensarse por otros nuevos yacimientos que ahora sí con mayores recursos propios, podrá poner en operación. De modo que al igual que Pemex, la Secretaría de Hacienda necesita de más ingresos fiscales debido a que simplemente el actual sistema fiscal mexicano ya no le puede dar. De ahí la necesidad imperiosa de tener una nueva reforma fiscal, que de más ingresos; primero para que compense los recursos que por su nuevo régimen fiscal Pemex ya no dará (una parte) al fisco y, segundo, porque el desarrollo económico y regional no puede estimularse sin inversión, por lo que sus efectos se ven en bajas tasas de crecimiento en el PIB y un elevado nivel de desempleo. Es obvio pues que la economía de cada entidad federativa, de cada municipio y de cada comunidad necesita estimularse, necesita crecer. Y si bien los resultados de esta nueva reforma fiscal serán graduales, con el paso de los años iremos viendo si ha sido suficiente esta reforma o tendremos que proponer nuevos ajustes. Por lo pronto debemos de pensar positivamente que aún cuando la reforma fiscal no podrá resolver en lo inmediato el lento desarrollo por el que atraviesa la economía del país, para 2008 se tendrá por el Impuesto Empresarial de Tasa Unica, 100 mil millones de pesos que, sumados a que los privilegios de exenciones y elusiones se verían seriamente disminuidos, el fisco podría obtener dos veces más de ingresos adicionales. De acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda, se estima que en el primer año de vigencia de la Reforma Fiscal, se generan más de 300 mil millones de pesos. Por su parte, el nuevo impuesto a las gasolinas y al diesel, permitirá recaudar 22 mil 700 millones de pesos que irán a parar directo a las arcas de los estados. Finalmente agregaría que si bien todos los impuestos son inflacionarios, el Banco de México puede fácilmente controlar un incremento del 5.5% a la gasolina, sobre todo cunado es en un periodo de un año y medio, por lo que el temor de una escalada de precios, simplemente no se dará. Sus comentarios envíelos a: serafín_peralta@hotmail.com
|
|