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Manuel Galván Invertia. 17 septiembre 2007. 15:27 hrs |
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Después de al menos 12 años (desde la última modificación al IVA), varios intentos fallidos y luego de 3 meses de análisis y discusión de la nueva propuesta, los legisladores aprobaron una reforma fiscal significativa. Ya desde que la SHCP presentó su propuesta inicial (ver Semanario Éxito Financiero No. 25, Junio 2007) señalamos que estaba lejos de la solución final a los problemas que enfrentarán las finanzas públicas en los años venideros. El estimado inicial de Hacienda establecía un máximo de recaudación adicional de 2.8 puntos porcentuales del PIB, a los que se llegaría gradualmente en 2012 partiendo de un 1.5% en 2008. De lograrse la recaudación estimada los ingresos no petroleros del gobierno aumentarían de 15% a 17.8% del PIB, dentro de los cuales los tributarios subirían de 10.3% a 13.1% del PIB. Considerando promedios internacionales de países con un grado de desarrollo similar la cifra del 13.1% en ingresos tributarios aún se queda corta en por lo menos 4.5% del PIB. Es decir, para lograr unas finanzas públicas que hagan viable en el largo plazo el cumplimiento de las obligaciones sociales del gobierno, se requiere que los ingresos tributarios asciendan aproximadamente a un 17.5% del PIB. Esa cifra permitiría llegar a una recaudación no petrolera del 21.5% necesaria para compensar la caída de los ingresos petroleros del actual 8.8% del PIB a quizá la mitad -o menos- en los próximos años. Un escenario así nos dejaría muy cerca del promedio de los países de la OCDE de 25%. Considerando que, como veremos a continuación, la recaudación bajo las modificaciones aprobadas por los legisladores será menor a la planteada originalmente, estas cifras nos dan una idea de la dimensión del reto que aún queda para los años venideros, sin embargo también dejan claro la enorme importancia de lo conseguido. Lo que se aprobó.... Ya en la sección La Economía de nuestra Estrategia Diaria del pasado jueves hicimos una primera aproximación a lo que sería la reforma, si embargo, con el correr de los días más información al respecto ha ido fluyendo y permite hacer un análisis más a fondo. Los cambios más importantes se hicieron a la CETU, que ahora se llamará IETU (Impuesto Empresarial a Tasa Unica). En primer lugar los diputados modificaron las tasas de aplicación de 16% en 2008, 17.5% en 2009 y 19% a partir de 2010 a 16.5%, 17% y 17.50% respectivamente. Con excepción del primer año, esta modificación ya implica una reducción en los ingresos previstos. La otra gran novedad y quizás la más importantes, es que ahora serán acreditables al IETU no sólo los pagos y las retenciones del ISR de los trabajadores de la empresa, sino también las prestaciones laborales de ley (IMSS, SAR, Infonavit). Hay que recordar que el IETU fue originalmente concebido como un impuesto de control al ISR, es decir, estaba diseñado para asegurarse de que todos los factores de la producción capital y mano de obra pagaran al menos 19% (o la tasa finalmente aprobada) de impuesto, por eso sólo se podía acreditar al IETU de las empresas el ISR que ya habían pagado sus trabajadores. La posibilidad de acreditar al impuesto las prestaciones laborales no es menor, pues distorsiona en alguna medida al objetivo original, si bien puede contribuir a eliminar algunas distorsiones sobre el mercado laboral que se provocaban con la propuesta original. Lo que es un hecho, que con estas acreditaciones adicionales se merma todavía más el potencial recaudador del nuevo impuesto. Otros cambios que no deben de tener mayores impactos son el aumento del límite máximo de depósitos bancarios en efectivo exentos del gravamen de 2%, y el impuesto de 5.5% a las gasolinas y diesel (ver recuadro). En el primer caso la medida es más bien de control y no tenía un objetivo recaudatorio por lo que el cambio en la cantidad exenta no lo afecta significativamente, mientras que el impuesto de las gasolinas que permitirá recaudar 22,000 millones de pesos el primer año apenas y será suficiente para compensar los recursos que perderá el gobierno por el nuevo régimen fiscal de Pemex, el otro gran cambio a la reforma.
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